Intentaba convencer a todo el mundo, aunque nadie me creyó. Yo no hice caso de lo que me decían. Ahora ya poco importaba, descendía a gran velocidad y el suelo se acercaba peligrosamente. Precisamente eso no se podía considerar volar.
En este caso no borro el número, porque lo que dice es totalmente cierto. No es que en los otros carteles no dijesen la verdad, pero en este caso es sobrecogedor.
La ultima frase pone: "¡Jesucristo sabe mejor!" El caramelo sigue puesto en el papel, no me atrevo a comérmelo. Las expectativas son tan altas que no me gustaría llevarme un disgusto.